¿Qué es la alergia ocular?

Cuando hablamos de alergia ocular nos referimos a la conjuntivitis alérgica que, en contraste con otros tipos de conjuntivitis como la vírica o la bacteriana, no se contagia.

Las respuestas de nuestro cuerpo a las alergias son reacciones de nuestro sistema inmune a los estímulos externos, también llamados alérgenos. Son muchas las razones por las que podemos tener alergia, ya sea por un factor hereditario, ambiental o alimenticio. La exposición temprana a los alérgenos en la niñez han incrementado los casos de alergia exponencialmente en las últimas décadas. Entre los distintos tipos de alergias, la alergia ocular representa una de las más recurrentes.

Entre los primordiales alérgenos que causan este tipo de conjuntivitis están el polen de árboles y gramíneas, los ácaros del polvo, la caspa y el pelo de los animales domésticos, y el moho. Todos estos alérgenos se propagan por vía aérea y, al entrar en contacto con la mucosa ocular, el sistema inmunitario tiene una reacción ocasionando la liberación de una sustancia llamada histamina, que simultáneamente desata los síntomas de la alergia ocular.

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Síntomas de la alergia ocular

Los signos más significativos en las situaciones de conjuntivitis alérgica comprenden:

  • Enrojecimiento de los ojos
  • Hormigueo
  • Ardor
  • Lagrimeo (ojos llorosos)
  • Abultamiento de los párpados

Estos síntomas se dan en los dos ojos, aunque en ocasiones tienen la oportunidad de presentarse solo en uno. Además, dado que la conjuntivitis alérgica con continuidad va asociada a alergia nasal (rinitis alérgica), los síntomas de la alergia ocular acostumbran a ir acompañados de congestión y secreción nasal, estornudos, o tos seca.

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¿Cómo calmar los síntomas de la alergia ocular?

Lo más importante en caso de padecer alguna clase de alergia, incluida la conjuntivitis alérgica, es omitir o achicar la exposición a los alérgenos que causan el problema. Por ello, es indispensable acudir a un profesional (alergólogo) para que lleve a cabo algunas pruebas, sea en la piel o en una muestra de sangre. Una vez se conoce qué alérgenos son los causantes de la alergia ocular, se puede pasar a tomar medidas para evitar o disminuir la exposición.

Para los alérgicos al polen, es recomendable evitar estar al aire libre a media mañana y al atardecer, que es cuando la concentración de polen es más elevada, y llevar gafas en el exterior para evadir que entre polen o polvo en los ojos. También es aconsejable mantener las ventanas cerradas y utilizar aire acondicionado en el hogar y en el coche para evitar la exposición a los alérgenos estando en el interior. Si los desencadenantes de la alergia son los ácaros del polvo, es importante usar ropa de cama antialérgica y lavarla de forma recurrente con agua ardiente, a una temperatura superior a 50° C.

En el caso de ser alérgico a la caspa o los ácaros de animales domésticos, hay que intentar mantenerlos fuera de la vivienda tanto como sea posible, o impedir que entren en una de las estancias para poder descansar en un espacio libre de alérgenos. También es conveniente lavarse las manos después de tocar al animal. Por último, el grupo alérgico al moho debe intentar sostener un nivel de humedad bajo en la vivienda, y limpiar con regularidad las áreas más húmedas, como el baño o la cocina, ya que un nivel prominente de humedad impulsa el avance del moho.

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Sobre todo, para las conjuntivitis alérgicas, es relevante no frotarse los ojos y omitir el humo del tabaco, puesto que son dos de los causantes que más incrementan la irritación ocular, agravando así los síntomas de la alergia. De igual modo, puede ser útil usar compresas frías en la región ocular para disminuir la inflamación y el ardor, y usar lágrimas artificiales, que alivian la irritación y retiran los alérgenos del ojo temporalmente.

Las toallitas oftálmicas son también una opción para limpiar los párpados, descartando el polen u otros alérgenos. Si además son aptas para emplear en frío, ayudarán a disminuir la inflamación.