La sequedad ocular en la menopausia

Los desajustes hormonales que sufren las mujeres durante la menopausia pueden traer consigo el trastorno del ojo seco. Las hormonas desempeñan un papel considerable en la lubricación de los ojos, o lo que es semejante, en la producción de las lágrimas. Por esto, al llegar a la menopausia o la perimenopausia (el tiempo de transición hacia la menopausia), que es una época donde desciende claramente la producción de hormonas en el organismo femenino, muchas mujeres tienen que lidiar con una serie de síntomas, el trastorno del “ojo seco” entre ellas.

Esta falta de lubricación ocular coincide con otros signos de sequedad propios de la menopausia, como la que perjudica a la piel o a los órganos genitales. Concretamente, hasta a un 60% por ciento de las mujeres sufren ojo seco a lo largo de la menopausia, según indican diversos estudios. La forma más común de tratar el ojo seco es a través del uso de las gotas oftalmológicas.

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Consecuencias de la sequedad ocular

El ojo seco puede originarse por dos razones: una producción insuficiente de grasa de parte de unas glándulas ubicadas en el interior de los párpados, o una excesiva evaporación del líquido que compone la lágrima, aunque comúnmente hablamos de una combinación de los dos componentes. Cuando la sequedad ocular dura un largo tiempo, se produce una inflamación. Es una respuesta inmune que provoca que el ojo libere toda clase de sustancias inflamatorias que causan enrojecimiento, picor e hinchazón. Si esta sequedad no se rectifica, la córnea puede dañarse o desarrollar úlceras, lo cual puede perjudicar a la visión. También incrementa el peligro de infección, porque al carecer de bastante lágrima, el ojo no posee un sistema natural que se encargue de limpiar el área de los desechos que él mismo produce, así como de cualquier factor externo que entre en él.

Entre las dolencias que acompañan al ojo seco, se encuentran:

  • Picor.
  • Visión borrosa.
  • Irritación por el viento, el humo o el aire acondicionado.
  • Sensación arenosa.
  • Gran producción de lágrimas en un momento determinado como respuesta del sistema inmune.
  • Fotosensibilidad.
  • Cansancio ocular.

Tratamiento

El tratamiento más común para la sequedad ocular son las gotas oftalmológicas y las lágrimas artificiales, que restauran el fluido ocular momentáneamente. Sin embargo, aunque las gotas son muy útiles, dado que hacen que enseguida resulte más cómodo parpadear, no previenen que el inconveniente vuelva a manifestarse. Por consiguiente, es preferible que nos hagamos una revisión con un experto si sufrimos este inconveniente de manera recurrente. En Bañoftal  ofrecemos Bañoftal Ojo Seco, unas gotas oftalmológicas diseñadas para este tipo de situaciones.

Manteniendo algunos hábitos sanos para nuestros ojos podríamos impedir o, por lo menos, postergar la sequedad ocular. Estos son los más importantes:

  1. Parpadear frecuentemente cuando se lee o se está frente a la pantalla del ordenador. Hay que acostumbrarse a parpadear, incluso cuando la luz azul de las pantallas nos invita a no hacerlo.
  2. Evitar la sequedad ambiental (en casa, en el trabajo, en el coche…) evadiendo tener encendida la calefacción a alta temperatura durante mucho tiempo o el aire acondicionado. Usar un humidificador de agua si es absolutamente necesario.
  3. Consumir una alimentación rica en ácidos grasos fundamentales (omega 3 y omega 6). La dieta es uno de los factores que más afecta en los procesos hormonales.
  4. Consultar al oftalmólogo o al óptico-optometrista en caso de sufrir anomalías de la salud como diabetes, artritis reumatoide, patología tiroidea autoinmune, lupus o síndrome de Sjögren, así como alergias u otros inconvenientes que causen inflamación en la mucosa de los ojos. En estas ocasiones, puede que la menopausia no haya sido el factor que haya causado la sequedad ocular, sino un agravante.