glaucoma-ceguera-irreversible-banoftal

El glaucoma: la ceguera irreversible

El glaucoma: la ceguera irreversible

En el mundo, la causa número uno de la ceguera irreversible es el glaucoma. Una enfermedad de nuestros ojos que no tiene síntomas claros, pero que tiene consecuencias nefastas en nuestra visión y, por lo tanto, en nuestra calidad de vida. Más del 60% de las personas que tienen esta enfermedad no saben que lo padecen. Está causado por una presión alta dentro de los ojos, que afectan los nervios ópticos y produce daños que pueden llegar a ser irreversibles.

glaucoma-ceguera-irreversible-banoftal

¿Qué es el glaucoma?

El glaucoma comprende un conjunto de enfermedades que provocan un daño progresivo e irreversible del nervio óptico. Este es clave para la visión, ya que, a través de él, las imágenes que capta la retina (convertidas en impulsos nerviosos) se transmiten al cerebro para que las interprete y se genere la visión.

Es una enfermedad crónica que se produce por una muerte precoz de las células ganglionares de la retina, cuyos axones forman el nervio óptico y este empieza a quedarse vacío por su ausencia.

Como consecuencia, se produce una pérdida de funcionalidad y el campo visual del paciente va reduciéndose si la enfermedad no se trata a tiempo.

¿Por qué se produce el glaucoma?

Hay un factor de riesgo determinante en el desencadenamiento del glaucoma y es la hipertensión ocular. Por lo general, esta condición ocurre porque, por diferentes causas, el humor acuoso (que es el líquido que baña el interior del ojo), no drena correctamente y se acumula, ejerciendo una presión excesiva sobre el nervio óptico y causándole un “estrés” que no puede soportar.

Hay que tener en cuenta que el glaucoma no es solo la consecuencia de un defecto “mecánico” del sistema de drenaje del humor acuoso, sino que se trata de una enfermedad multifactorial cuyo origen concreto todavía está por conocer.

Sin embargo, muchos estudios muestran que los problemas vasculares pueden estar asociados a los casos de glaucoma con presión intraocular normal, ya que los vasos sanguíneos del interior del globo ocular son de los más finos del cuerpo y, por tanto, especialmente frágiles.

También, los factores hereditarios que tienen que ver con la predisposición genética es un factor de peso en determinados tipos de glaucoma, como el primario de ángulo abierto (familiar) –el más común–, el congénito –que aparece en los primeros meses de vida– y el juvenil.

¿Cómo se puede prevenir el glaucoma?

Para prevenir el daño irreversible que produce el glaucoma en el nervio óptico es indispensable el diagnóstico precoz de la enfermedad para poder controlarla antes de que siga evolucionando. Dado que en la mayoría de casos no provoca síntomas hasta fases avanzadas de la patología, se recomienda someterse a revisiones oftalmológicas cada dos años a partir de los 40, edad en la que se activa el proceso degenerativo del ojo y empieza a aumentar la incidencia del glaucoma.

Asimismo, se aconseja que los controles sean anuales en personas con alguno de los siguientes factores de riesgo:

  • Edad (mayores de 60 años)
  • Antecedentes familiares de glaucoma
  • Hipertensión ocular
  • Miopía o hipermetropía alta
  • Otras enfermedades oculares, como patologías de córnea, retina, uveítis etc.
  • Traumatismos oculares
  • Ángulo iridocorneal (formado por la córnea y la esclera con el iris) estrecho